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La importancia del telar Jacquard

  • Foto del escritor: Marime Zveig
    Marime Zveig
  • 6 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

El telar Jacquard: ingeniería, arte y tradición sedera valenciana


El telar Jacquard representa una de las mayores revoluciones en la historia de la industria textil. Su invención no solo transformó la manera de tejer, sino que también marcó el nacimiento de la automatización programada, siglos antes de la informática moderna. En Valencia, esta tecnología se convirtió en un pilar de la artesanía sedera, base de los tejidos tradicionales que aún hoy se confeccionan para los trajes de fallera y otras vestimentas ceremoniales.


Origen y evolución del telar Jacquard


El sistema fue inventado en 1804 por Joseph Marie Jacquard (1752–1834), un tejedor y mecánico francés de Lyon, ciudad con una larga tradición textil. Jacquard perfeccionó ideas previas de Bouchon y Falcon, quienes ya habían experimentado con mecanismos de control mediante perforaciones, pero fue él quien consiguió integrarlas de forma eficiente en un telar.

El resultado fue un sistema programable mediante tarjetas perforadas, en las que cada perforación correspondía a un hilo de urdimbre que debía elevarse o permanecer en reposo. Esta codificación mecánica permitía reproducir con exactitud cualquier diseño, por complejo que fuera, eliminando la necesidad del ayudante que levantaba los hilos manualmente.

La trascendencia técnica del invento fue enorme: el principio de las tarjetas perforadas se utilizó más tarde en máquinas de censos, pianolas, calculadoras mecánicas y, finalmente, en los primeros ordenadores del siglo XIX y XX.


Funcionamiento técnico del telar Jacquard


El telar Jacquard es un mecanismo de control individual de los hilos de urdimbre. A diferencia del telar de lizos convencional —en el que los hilos se agrupan en marcos que suben y bajan al unísono—, el sistema Jacquard permite accionar cada hilo de forma independiente.

El proceso se basa en cuatro elementos principales:

  1. Cilindro y tarjetas perforadas: las tarjetas, unidas en una cadena, se montan en un tambor giratorio. Cada tarjeta representa una pasada del tejido.

  2. Agujas y ganchos: detrás de las tarjetas hay agujas que detectan las perforaciones. Si la aguja atraviesa un orificio, empuja un gancho hacia arriba; si no, el gancho permanece en reposo.

  3. Cordones de lizos: los ganchos están conectados mediante cordones o alambres a los hilos de urdimbre. Cuando un gancho se eleva, el hilo correspondiente sube, permitiendo el paso de la trama.

  4. Lanzadera y batán: mientras el telar abre la calada, la lanzadera introduce el hilo de trama y el batán compacta la pasada.

Este mecanismo posibilita dibujos de gran complejidad, como flores, escudos, grecas o composiciones figurativas, con una precisión que hasta entonces solo podía lograrse con un tejido manual extremadamente laborioso.


La tradición sedera valenciana


En España, el arte de tejer con seda encontró su máximo esplendor en Valencia, donde la industria sedera se consolidó a partir del siglo XV. El Barrio de Velluters, cuyo nombre proviene del valenciano vellut (terciopelo), fue el corazón de esta actividad durante más de cinco siglos.

Los maestros sederos valencianos desarrollaron técnicas propias de tintura, urdido y ligamento, adaptando los telares Jacquard a la producción de tejidos de lujo. Sus creaciones, muchas de ellas en seda natural, con hilos metálicos y motivos inspirados en el barroco, el rococó o el modernismo, se convirtieron en un símbolo de identidad.


Hoy, Valencia es la única ciudad de España que mantiene viva la tradición de la seda, gracias a la labor de talleres artesanales que continúan tejiendo con telares Jacquard manuales y eléctricos.


Los tejidos tradicionales valencianos


Las telas valencianas utilizadas en los trajes de fallera son un ejemplo excepcional del uso artístico del telar Jacquard. Entre los tipos más apreciados destacan:

  • Espolines: tejidos de seda con tramas suplementarias de hilos metálicos (oro y plata), que se insertan manualmente hilo a hilo. Cada espolín es único, y su confección puede requerir entre 200 y 400 horas de trabajo.

  • Lampás y damascos: tejidos en los que se combinan distintas ligaduras de urdimbre y trama para crear efectos de relieve y contraste.

  • Brocados: tejidos con tramas adicionales que forman dibujos sobre un fondo de sarga o raso.

Los diseños tradicionales incluyen motivos florales, arabescos, roleos y ornamentos heráldicos, que conservan patrones históricos documentados desde los siglos XVII y XVIII.


Vigencia y aplicaciones actuales


A pesar de la modernización del sector textil, el principio Jacquard sigue vigente. Los telares modernos sustituyen las tarjetas perforadas por sistemas digitales, pero el concepto es el mismo: traducir un diseño gráfico en una secuencia de órdenes que controlan la posición de los hilos de urdimbre.

En Valencia, esta tecnología se aplica no solo en la confección de indumentaria tradicional, sino también en restauración de tejidos históricos, decoración textil y producción de tejidos de autor. La fusión entre técnica, arte y patrimonio convierte al telar Jacquard en un símbolo de la continuidad artesanal frente a la producción industrial masiva.


En el taller de Marime et Zveig se emplean tejidos tradicionales valencianos con gran respeto a su origen y riqueza cultural. Combinanos estas telas históricas —con raíces en la tradición de la seda valenciana que se remonta al siglo XV— con diseños contemporáneos para reinterpretar la artesanía local.


En Marime et Zveig, el uso de estos tejidos no es solo ornamental: cada pieza lleva consigo una historia, una técnica y una identidad valenciana que la diseñadora Denisa Radu articula en bolsos, accesorios o complementos desde una visión contemporánea. Esto permite que el legado de la tradición textil valenciana se proyecte hacia el presente, manteniendo su valor artesanal mientras adopta una estética moderna.



El telar Jacquard es mucho más que una máquina: es la síntesis perfecta entre ingeniería y arte textil. En cada tejido valenciano, en cada espolín o brocado, persiste la herencia de Joseph Marie Jacquard y el saber de generaciones de sederos.

Valencia ha logrado lo que pocas ciudades en el mundo: mantener viva una tradición tecnológica de más de dos siglos, transformándola en arte, cultura y orgullo local.

 
 
 

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